viernes, 17 de septiembre de 2010

LA CASA DEL DOMINGO O EL SUEÑO DE SOÑAR

Me encanta el sueño que te lleva más o menos hasta las 10 un día de domingo o cualquier día nomás y últimamente también me encanta aquel que te lleva a visualizar algo ideal y vital más allá del sopor o la realidad. Ese que fue más frecuente en épocas que las hormonas efluían a borbotones y aditivaban el torrente sanguíneo con millones de octanos.

He aquí que uno de los sueños que me gusta soñar es con la casa ideal que di en llamar “La casa del domingo” porque generalmente lo practico el domingo y en sintonía al punto que el sueño quiere ser premonitorio y hasta recurrente digno de un aprendiz de ciudadano planetario.
Y qué es “La casa del domingo” y es una casa; sin mayores pretensiones, sin nada extraordinario más allá del confort y calidez pretendidos y sin más aspiraciones que ser eso: una casa.

En fin, es un jalón más íntimo que comunitario, es algo dulce y desafiante; es algo que se vive y se siente pero se habrán dado cuenta que el tema no es la casa ni el lugar sino la persona que quiero que la habite conmigo…

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Catedrático de Postgrado, amante de las cosas sencillas, bohemio y con deseos de equivocarse