viernes, 27 de abril de 2007

¡SALUD MAGISTERIO DE MI PATRIA!

Compañero y compañera que llenas tu alforja de sueños y ciencia para inspirar y dibujar con las personas que confían su vida en tu sapiencia la senda de la superación y la felicidad; te saludo alborozado y me sumo al homenaje perenne al que te haces acreedor cada 30 de abril.

En estas sencillas líneas vayan mis deseos de éxitos y de renovación constante.

¡FELICIDADES A LOS FORJADORES DE LA PATRIA!


Ypacaraí, 27 de abril de 2007

sábado, 7 de abril de 2007

FELICES PASCUAS

Compañeros y Compañeras de ruta:

Más allá del credo o el compromiso con lo trascendente de la vida, quisiera por este medio elevar un saludo y un deseo de renovación del amor por la vida y los seres humanos que es inherente a la docencia a todos los soñadores de la maestría. Que todos los emprendimientos y aspiraciones se cumplan en lo que resta del interperiodo.

Asunción, 7 de abril de 2007





domingo, 1 de abril de 2007

ME PASÓ EN ENERO...

Ahí estaba ella, sentada en el snack del aeropuerto de la capital chilena, con una revista en la mesa, un café y un cigarro que humeaba lentamente. De tanto en tanto miraba hacia la puerta, había llegado de Sao Paolo en el vuelo de las 12:30 h y dos horas después ni rastro de la persona que debería buscarla. Trató de calmarse con un café, un cigarro y una revista de variedades.
En el extremo del pequeño local, Ronald la miraba desde hacia rato, llamaba su atención sus largas piernas, sus hombros anchos, su pelo caoba, sedoso y brillante y más aún, la increíble facilidad con que ella daba la impresión de que era la única sobreviviente en aquel recóndito salón.


Ronald se levantó, fue a mirar nuevamente en el andén de llegadas internacionales, buscando encontrar a su primo a quien esperaba. Nada, ni un rostro conocido. Regresó nuevamente al snack, más que para buscar un cigarro fue para ver si aún seguía ahí. Oh! sorpresa, pagó su cajetilla en el preciso instante en que ella se disponía a salir: “Le ayudó con su maleta señorita?”, le dijo gentilmente, pronunciando un buen inglés, a lo que ella respondió: “Obrigada” con una tierna sonrisa.


De camino a la salida, ella le dijo que esperaba a una amiga, quien nunca llegó, iba por una semana a Viña del Mar, pensaba tomar un taxi hasta allá, idea a la que desistió cuando él la convenció de llevarla, dado que era viñamarino y se dirigía para allá.


En el trayecto, ella le contó que tenía 23 años, estudiante de Psicología, sus padres le regalaron los pasajes para visitar a su amiga a quien no veía desde que ésta se casó y se mudó a Chile; él trataba de hablarle en portugués (un mal portugués, había estado un tiempo en Río…) le dijo que trabajaba en un restaurante, con sus 27 años y que había dejado la facultad. Le enseñaba el paisaje de Santiago a Viña, los viñedos, las fábricas, la vieja carretera en la ladera de las montañas… hasta que llegaron a Viña.


La dejó en la dirección que le indicó, al bajarla le requirió su nombre: “Maggi” le respondió con la misma tierna sonrisa que sostuvo durante todo el viaje: “ puedo invitarte a conocer Viña un día de éstos?” le preguntó, ella sólo sonrió asintiendo con el rostro. Él se fue. ¿Regresaría? Por supuesto que sí, el pelo caoba, la tierna sonrisa y unos ojos que no pudo ver ya que ella los ocultó todo el tiempo bajo unas oscuras gafas, eran motivos suficientes para regresar…


Dos días después por fin la cita. Ella lucía casual, un vestido blanco holgado y a la vez estilizado, unas zapatillas que dejaban ver sus graciosos pies y su pelo recogido al descuido. Dieron un paseo por la ciudad y qué cosa tan curiosa, habiendo tantos lugares tan bellos, la llevó al Palo de Señales, para seducirla? Intimidarla? O sólo para disfrutar mejor de tan bella compañía? Sí, tal vez fue eso, el Palo de Señales tiene esa magia que envuelve, es tan tranquilo, tan acogedor, auspicioso para la más profunda intimidad entre dos personas que sólo quieren charlar y pasarla bien.


Él la miraba, ella reía… Salmón para él, sopa de mariscos para ella. Será el vino o la mirada de Maggi era tan sensual que podría derretir el más firme témpano de hielo –pensó… Las horas no parecían pasar, finalmente, la llevó a casa. Al despedirse, él intentó rozar sus labios contra los de ella pero no le dejó y se ocultó tras la puerta sin decir nada.


Sin saber qué hacer, si buscarla o dejar las cosas así, Ronald paseaba en la tarde por la playa y allí, contemplando el Castillo Wulf, la encontró. Distraída, como si ella fuera la única sobreviviente en la ciudad y nadie más existiera. Se miraron y se sonrieron; ella pareció no darle importancia a lo sucedido, él prefirió no decir nada y dejar las cosas de ese tamaño. Caminaron por la playa charlando animadamente, a ella le gustaba contemplar el ocaso sentada en una roca, él sólo se quedaba a su lado en silencio, compartiendo ese sublime instante.


Esa noche, Ronald la llevó a conocer su apartamento, cocinó trufas para ella, escucharon a Serrat, a Clapton, entre otros. Maggi descubrió su colección de insectos disecados y su pasión por el arte barroco. Al terminar de cenar, se sentaron en el diván y él descubrió que no sólo su mirada era sensual, sino también sus labios. Sus labios eran carnosos y sensuales, tan terriblemente sensuales que él no soportaría un minuto más sin sentirlos entre los suyos…
Y así, con una balada de Von Jovi, el vino a medio terminar y la brisa alisia que jugueteaba con el pelo de ella, él la sorprendió con un beso, un beso desesperado, intenso y desenfrenado… Y conocieron el amor… Y probaron el amor y les gustó…


La última noche que ella estaba en Viña, después de cenar fueron a caminar descalzos por la playa. Las furiosas olas, los vientos alisios, la luna en el cielo… él la amó en la arena, ella le sonrió y le juro que nunca lo olvidaría. Luego fue a preparar su maleta.


Él pasó por ella a las 8:00 h, como acordaron. Desayunarían y luego la llevaría al aeropuerto.


Llegó puntual como siempre, salió la amiga de Maggi a recibirlo, le dijo que ella había adelantado su vuelo dejándole una carta. Ronald no podía creer lo que estaba sucediendo, un nudo se atravesó en su garganta, condujo hasta un lugar solitario en la playa. Sobre una roca leía las líneas en las que Maggi le pedía que la perdonara, que ella era así, que no era buena para las despedidas; que tal vez no resistiría mirar sus ojos risueños y decirle adiós…

Ronald, aún seguía sin creerlo, sentía que el corazón le saldría por la boca. Una tímida lágrima rodó por su mejilla hasta humedecer el papel, en cuya última línea se leía borrosa por esa lágrima derramada: Me pasó en enero… en un día que ya es eterno.



(Dysa, 31/03/07)

"Todo lo que está escrito, no es para ser creido sino para ser analizado" Dysa.

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Catedrático de Postgrado, amante de las cosas sencillas, bohemio y con deseos de equivocarse